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Hebreos 1

Primer capítulo de la epístola a los Hebreos

Hebreos 1 es el primer capítulo de la Epístola a los Hebreos en el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana. El autor es anónimo, aunque la referencia interna a «nuestro hermano Timoteo» (Hebreos 13:23) estableció una atribución tradicional a Pablo, pero esta atribución ha sido disputada desde el siglo II y no hay evidencia decisiva sobre la autoría.​​ Este capítulo contiene la introducción («exordio») sobre la revelación final de Dios («palabra») a través de su hijo y cómo el hijo es superior a los ángeles.​​

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Hebreos 1 es el primer capítulo de la Epístola a los Hebreos en el Nuevo Testamento de la Biblia cristiana. El autor es anónimo, aunque la referencia interna a «nuestro hermano Timoteo» (Hebreos 13:23) estableció una atribución tradicional a Pablo, pero esta atribución ha sido disputada desde el siglo II y no hay evidencia decisiva sobre la autoría. Este capítulo contiene la introducción («exordio») sobre la revelación final de Dios («palabra») a través de su hijo y cómo el hijo es superior a los ángeles. El texto original fue escrito en griego koiné. Este capítulo está dividido en 14 versículos. Algunos de los manuscritos que contienen este capítulo o extractos de él son: Si bien la enseñanza doctrinal y moral se entremezclan a lo largo del escrito, los primeros diez capítulos tienen sobre todo carácter doctrinal: el autor sagrado trata de la «superioridad de Cristo», por ser Hijo de Dios, sobre los ángeles (1,5-2,18) y Moisés (3,1-4,13), y de la superioridad de su sacerdocio sobre el de la Antigua Ley desde el punto de vista del sacerdocio mismo (4,14-7,28) y del sacrificio (8,1-10,18). La Epístola a los Hebreos atestigua que Dios ha «hablado» decisivamente a Israel «por los profetas», y que final y plenamente reveló su carácter y voluntad «por el Hijo», con la grandeza y absoluta superioridad sobre los ángeles, los seres sobrenaturales considerados por Israel como los más cercanos a Dios. 1 Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas 2 en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, a quien constituyó heredero de todo, y por quien asimismo hizo el universo; Si bien la revelación del Antiguo Testamento «en otro tiempo» llegó «muchas veces» a lo largo de la historia de Israel y de «muchas maneras» como sueños, visiones y mensajes angelicales, la revelación última «en estos postreros días» de la historia humana llegó a través de Jesucristo, como el «Hijo» de Dios que estaba con Dios desde el principio (cf. Juan 1:1) y por medio de quien Dios «hizo el universo» (básicamente todo el universo del espacio y el tiempo; cf. Hebreos 11:3); el Hijo también es designado «heredero» de todas las cosas (cf. Salmos 2:7-8) para poseer y gobernar sobre «todo lo que fue creado por medio de él» (cf. Juan 1:3). 3 el cual, siendo el resplandor de su gloria, y la imagen misma de su sustancia, y quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder, habiendo efectuado la purificación de nuestros pecados por medio de sí mismo, se sentó a la diestra de la Majestad en las alturas, 4 hecho tanto superior a los ángeles, cuanto heredó más excelente nombre que ellos. Al igual que el inicio del Evangelio de Juan, los primeros cuatro versículos de la carta funcionan como un prólogo que introduce el tema central: la majestuosa condición de Cristo como Hijo eterno de Dios, Mediador universal y Sacerdote eterno.

Texto: Wikipédia, CC BY-SA 4.0. · Imagen: Unknown authorUnknown author (Public domain) ·

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